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  • Dra. Ma. Guadalupe Medina

Búsquedas internas que brindan sentido.


En el proceso de la vida, una buena parte consiste en búsquedas constantes. Que se terminan al encontrar aquello que se estaba necesitando desde lo más profundo del ser, o simplemente porque la búsqueda cambia el rumbo.

Y entonces aparecen nuevos senderos que finalmente van conformando un nuevo sentido de la vida. Debido al encuentro de aquello buscado, se da la plenitud y el avance hacia nuevas interiorizaciones. Llegas entonces a ese espacio sagrado interno donde la fortaleza y la sabiduría personal de vida (de hoy y de todos los tiempos) aparecen. Cada ser humano lo poseemos pero lo olvidamos tantas veces, que nos quedamos en lo externo y práctico de la vida, dejando de lado lo interior y profundo del ser.

Tan sólo imagina: “Te encuentras en un espacio importante y muy tuyo, donde puedes contactarte con todo lo que te hace sentido.

La sensación de la temperatura en tu piel es deliciosa, hay un clima cálido pero a la vez, el suficiente aire fresco que toca tu cara y le da la sensación de libertad y bienestar. Estar en ese lugar es una experiencia tan gratificante como pocas veces en tu vida lo has experimentado. Puedes respirar de tal manera que casi es un suspiro tu respiración. Te desplazas lentamente en ese espacio lleno de olores a: madera, incienso, velas encendidas y muebles tan cómodos, que te hundes en ellos, llenos de pieles con texturas exquisitas al tacto.

Es un espacio con cosas por descubrir: esos libros viejos llenos de conocimientos, los tesoros escondidos esperando en las cajitas de maderas con pedrerías y, además, el mensaje sutil y profundo del fuego encendido en la chimenea, que sólo tú sabes descifrar. Puedes escuchar también una música bella que te emociona hondamente; ese es tu espacio sagrado interno…, obsérvalo…,siéntelo…, es ahí donde eres esperado tú, por ti”.

Cada ser humano tiene su propio espacio sagrado y distintas formas de llegar a él. ¿Cómo llegas tú? ¿Cómo es? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste? Sí, a ese lugar donde te encuentras y te renuevas a ti mismo.

Hay momentos en que la vida parece que reinicia, por lo general es posterior a intensas crisis, donde has tenido que ir a tu esencia para desde allí levantarte; y entonces deseas tomar todo lo bello que está frente a ti, tu única idea es sentir y vivir lo que parece una luz y en ese momento decides que la vida es valiosa; que ahora toca trabajar para reparar lo que has soltado en tus descuidos en ti mismo(a) y en los otros seres humanos que viven en tu corazón. Son los momentos en que te levantas una mañana y decides que la vida merece ser tomada completa y plenamente. Sientes que puedes salir avante con los retos que se te ponen en frente.

Y puedes sentir que por pequeñas que parezcan las cosas de tu vida simple y cotidiana, valen la pena hacerse. A la vez, sientes el placer de que las cosas que un día fueron difíciles, las realizaste, tú lograste que sucedieran. Y te das cuenta de que los momentos más duros que has pasado le pusieron movimiento a tu vida y te llevaron a aprendizajes de vida muy significativos.

La vida es un viaje –a veces corto, a veces más largo– donde sus expresiones son momentáneas, transitorias y de cada uno de esos breves momentos hay aprendizajes valiosos que esperan ser tomados desde lo más profundo de cada ser humano, desde lo más profundo de ti mismo. Los momentos bellos y tristes a veces están muy cerca uno del otro. Cuando la alegría aparece, es momento de sentirla profundamente en el corazón, eso te conecta automáticamente con la vida. Cuando es tristeza, será necesario contemplar humildemente ese corazón tuyo que necesita ser contenido principalmente por ti mismo, es parte del vivir.

Es necesario sentir la propia experiencia plenamente: desde lo brillante y maravilloso, hasta lo ignorante y carente que puedo ser. Todo esto soy yo en un momento dado, al mismo tiempo. Me asisten áreas llenas de recursos y habilidades, así como áreas carentes y necesitadas, ambas caminando juntas a mi lado, siempre abiertas a mayores aprendizajes. Mucho de la vida se va haciendo día con día y en cada uno se puede ir redescubriendo el amor, cuando miramos hacia adentro y ponemos nuestra alma en la palma de nuestras manos y las contemplamos.

Víctor Hugo dice: “Ciertos pensamientos son plegarias, hay momentos en que sea cual fuere la actitud del cuerpo, el alma está de rodillas”.

¿Cuándo tu alma está de rodillas? ¿Ante el dolor? ¿Ante la belleza? ¿Ante qué? Quizá…, cuando se contempla la ingenuidad del niño, cuando aparece la primavera, cuando el árbol da un fruto, cuando se contempla el mar y sientes en tu ser su grandeza, cuando vibras con la música, cuando sientes esa presencia de un ser Superior; en esos momentos cuando enciendes una luz inmensa interior y lentamente dejas de ser tú y pasas a formar parte del Universo. En ese instante mágico de tu existencia el tiempo no se percibe, sólo tu presencia, puedes sentir tu respiración y el latido del corazón al unísono con el planeta. Las cosas tienen un sentido. Vives el milagro de la vida. El milagro de la existencia del viento, la arena de la playa y la siembra del agricultor. Y entonces la vida te empuja a conectarte con tu capacidad de amar. Algunas veces más a flor de piel, otras veces más oculta, pero finalmente con ella dentro. Aunque en muchos momentos de vida no la sientas, ahí está, y no porque en algún instante de tu existencia no la veas no significa que no se encuentra en ti. Celebras la presencia de las personas que amas.

Recuerdas las conversaciones que llenaron tu vida tiempo atrás, esas palabras que aún permanecen en tus oídos como si te las hubieran dicho ayer, ¡qué maravilla es ese momento que acarició tu existencia con lo sucedido! Sientes una enorme gratitud en tu ser.

André Comte-Sponville en su Diccionario filosófico afirma que: "La gratitud es el recuerdo agradecido de lo que ha sucedido". Y entonces puedes conectarte con el placer fácilmente y con las bendiciones escondidas que te llegan cada día, llevándote todo esto a desear trascender…, deseas permanecer en un espacio del Universo, aunque sea pequeñito, aunque sean tus cenizas que están en la tierra, pero aún así, desde el amor deseas perdurar. Nuevas aspiraciones brotan y se reinician las búsquedas, cada día más universales, cada día menos egoístas... Dejando una huella permanente en un amor profundo sin posesiones, a través de lo que de ti dejas para hacer un mundo mejor del que recibiste a tu llegada.

Y donde también colaboras para dejar en el mundo mejores hijos, discípulos, amigos, etc. Aquellas personas que recibieron aprendizajes de tu sabiduría. Donde la vida del hombre tiene sentido, porque así es la vida: una búsqueda constante y una lucha para llegar a la grandeza para la cual estás creado.

Esa grandeza también se percibe en la estrella, en el lago, en la ternura del anciano, en el amor que eres capaz de sentir cuando miras a los ojos al ser amado, y entonces de tu corazón emana esa tranquilidad y ese amor que sólo se adquieren cuando la vida tuvo un significado profundo. Palabras generosas y sentimientos nobles formarán parte de tu existencia. Hay un lugar en tu corazón para todas aquellas personas que te amaron y a las que has amado. No importa si estuvieron poco o mucho tiempo junto a ti, sino cuán grandiosa vida te hicieron sentir y experimentar.

Tampoco importa si continúan, sólo recuerdas su existencia con la mejor de las bendiciones porque ellas siguen habitando en tu corazón y siempre tendrán un lugar ahí. Esa gente que ha sido imprescindible, independientemente si cumplió con los objetivos que a ti te hubiera gustado que cubrieran.

Hay un pensamiento que expresa esta búsqueda de sentido de vida en lo que hacemos y en las ocasiones en que la vida no es perfecta, pero es tan sabia. No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar; se equivoca el agua que, por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna. No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta; se equivoca la que por no morir, bajo la tierra renuncia a la vida.

No se equivoca el hombre que ensaya distintos caminos para alcanzar sus metas, se equivoca aquel que por temor a equivocarse no acciona. No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al suelo, se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar permaneciendo en el nido. Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan que ser hombre es buscarse a sí mismo cada día, sin encontrarse nunca plenamente. Creo que al final del camino no te premiarán por lo que encuentres, sino por aquello que hayas buscado honestamente. -Anónimo

Hoy puedo darme cuenta de que cuando me entrego intensamente a lo que amo en mí hacer cotidiano, me invade el placer y eso me lleva a contactar profundamente con la vida, y a la búsqueda constante tanto de la grandeza de la sabiduría propia, así como de la de los demás.

María Guadalupe Medina Gallardo.

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